2011-04-19
Doble moral con las víctimas de la violencia policial
El Ayuntamiento de Donostia concedió el pasado 16 de abril la Medalla de Oro de la ciudad, su más alta distinción, a la familia de Jesús García Ripalda, fallecido en 1975, cuando contaba con 23 años, por los disparos de la Policía franquista durante una manifestación contra las ejecuciones Jon Paredes y Angel Otaegi. La familia de García Ripalda recibió la distinción de manos del alcalde Odón Elorza, después de que el Ministerio de Justicia haya acreditado que el fallecido, miembro de EMK, sufrió "persecución y violencia por razones políticas e ideológicas". «La democracia honra a quienes injustamente padecieron persecución o violencia», declaró la Corporación en un comunicado.
Ciertamente, el 1 de Agosto de 1975, en el transcurso de una manifestación que discurría por el barrio de Gros en Donostia en protesta por los consejos de guerra contra militantes vascos, un policía de paisano, apellidado Listón, disparó un tiro a quemarropa y asesinó al joven donostiarra Jesús García Ripalda.
Sin embargo, la persecución política e ideológica padecida por otras víctimas de la violencia policial parece no abarcar a otras personas que, al igual que el malogrado García Ripalda, eran civiles abatidos por la policía en manifestaciones o controles de carretera: Mikel Salegi (1974), José Luis Aristizabal (1977), Joseba Barandiaran (1978), Iñaki Kijera (1979), Gladys del Estal (1979), Rosa Zarra (1995). La corporación donostiarra, con su alcalde Odón Elorza a la cabeza, hace una distinción inaceptable entre víctimas de idéntica condición. Merecen la medalla de la ciudad algunas personas asesinadas durante el tardofranquismo, mientras que siguen abocadas al olvido las víctimas civiles de la policía en los 36 años posteriores. Desde Euskal Memoria queremos denunciar este doble rasero y apelamos una vez más al respeto de la memoria colectiva de Euskal Herria.